Puro Vinilo, una apuesta por
la música
Una apuesta arriesgada, sin duda...
La idea de crear un sello para editar vinilos se me ocurrió hace más de un año, pero sólo se ha podido hacer realidad cuando he dispuesto —por fin— de más tiempo libre y, sobre todo, porque en la primera «aventura» que ahora iniciamos he contado con el apoyo de Xavier de Tusalle, amigo con el que desde hace años navego en ocasiones por presentaciones, librerías, conciertos y bares. En las presentaciones y otros actos solazamos el espíritu y en los bares atemperamos las gargantas con cerveza bien fría, siempre hasta las tantas pues a algunos nos gusta la noche, proveedora de sensaciones, aventuras e ideas para aquellos que puedan mantener la cabeza más o menos en su sitio.
Todo parece indicar que el vinilo está retornando como consecuencia de una nueva estrategia de las discográficas, que busca recuperar algo de lo que han dejado de ingresar por el fiasco que ha supuesto para sus cuentas de resultados la notable bajada en la venta de C.D's. Una tabla de salvación hecha de acetato, vamos, en la que confían salvarse del naufragio del negocio de la música grabada en digital, desastre propiciado —según ellos— por la piratería aunque es muy probable que existan más causas (falta de interés en la música que se ofrece actualmente, el poco atractivo del C.D. como soporte, etc.) que minimizan por si acaso y por ocultar sus errores.
Lo cierto es que después de que se nos dijo que la música digital era la pera en perfección y que el soporte digital era «infinito», ahora se ha comenzado a hablar de que el vinilo tiene un sonido mucho más cálido y envolvente, que bien cuidado dura un huevo y que, sobre todo, es una pequeña obra de arte. Hay que tener en cuenta, además, que este tipo de soporte no necesita de medidas anti-piratería, como ustedes saben bien.
Me interesa lo justo este debate. Hay muchas personas, que como yo, nunca se tragaron lo del C.D. y no tiraron a la basura el plato y los L.P's. ¿Premonición...?, no, yo creo que, más bien, fue una postura de resistencia ante las veleidades de la industria. Ahora pienso que los D.J's. y toda la peña que seguimos comprando vinilos salvamos este medio de reproducción del sonido de la rapiña de los especialistas en patentes.
¿Por qué editar vinilos? Pues porque me apetece y me gustan. Si fuera por dinero, mejor ni planteárselo. Un L.P. es algo atractivo y, si se hace lo mejor posible, es una pequeña obra de arte de la que sentirse orgulloso. Si en algo ayuda que este soporte despierta el fetichismo coleccionista que tenemos mucha gente, bienvenido sea el apoyo. Nunca he coleccionado nada, salvo vinilos y pastilleros. Ningún otro objeto me ha interesado. En los pastilleros conservo cosas sin valor crematístico, como aquellos pocos gramos de arena del Sáhara que guardo como si fueran de oro; en los vinilos guardo los recuerdos de una época en donde se grabó la aventura de escribir música casi sin límites: de los surcos del acetato (como diría Cortázar) surgen el sonido de voces e instrumentos que han sobrevivido al paso del tiempo. Somos recuerdo y quizá nada más...
Acaricio la idea de que ustedes compren un vinilo sin tener un plato donde escucharlo. Por puro placer de tener algo «antiguo». O por coleccionismo. O porque es algo bonito... Sería un gesto inútil, y algo oneroso, pero tan bello como guardar arena dentro de una cajita, ¿no les parece?
Pero no se confundan, lo mejor de un vinilo es escucharlo y disfrutar de lo que nos cuenta, aunque tengamos que levantarnos para cambiarlo de lado y no haya mando a distancia que pueda hacer que se desplace la aguja de adelante hacia atrás. Recuerden lo que dijo Platón: «La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo...». Cuando escuchamos un vinilo, al menos hay que levantarse del sofá. Nos hemos vuelto tan vagos...
El vinilo dijeron que murió, pero ¡viva el vinilo! Hay una segunda oportunidad para disfrutarlo.
Pedro Manuel Martínez Corada
Puro Vinilo, junio de 2010
